ACERCA DE LA INTERPRETACIÓN LITERARIA
Universidad de Buenos Aires
(Argentina)
Resumen
“Acerca de la Interpretación
Literaria” es un ensayo que comenzó siendo una tarea para la materia Taller de Expresión I, de la carrera de
Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Pero los
resultados obtenidos han sido tan satisfactorios que impulsaron a la autora a
publicarlo en otro medio. Se trata de la exposición de experiencias personales y
ajenas mediante las cuales se muestra cómo la interpretación literaria difiere
de persona a persona. Desde las posiciones de Jorge Luis Borges, Susan Sontag o
Umberto Eco, se evidencia que la interpretación no sólo es personal sino que
conlleva a poner en juego sentimientos, vivencias y conocimientos ya adquiridos,
creando una experiencia de lectura profunda y fructífera. Al interpretar, uno
también adquiere nuevos conocimientos que abren diferentes caminos a la propia
vida.
Libro: 'Botella
al mar', se ha dicho. Pero con un
mensaje equívoco,
que puede ser interpretado de tantas
maneras que difícilmente
el náufrago sea localizado -
En estos últimos
tiempos, al releer algún texto, me he encontrado con diferentes sentidos dentro de él. Siempre es
el mismo texto que llega a diversos destinos. Puedo leer un artículo académico,
así como una novela o una crónica periodística, y ya en la segunda lectura
descubro que su sentido ha cambiado: no he llegado al mismo puerto que en la
primera lectura. Sé que tengo la ventaja de saber de antemano a qué destino
llegaré, pero ¿cómo es posible que este cambio suceda? Me pregunto qué es lo que
hace que el sentido de un texto cambie ante mis ojos. ¿Será el tiempo, la
memoria, la experiencia o el deseo oculto dentro de uno mismo de buscar algo
más? En este sentido, la interpretación es mucho más que interpretación
premeditada: no por buscarla conscientemente ni por tener necesidad de ella,
encuentro distintas interpretaciones para un mismo texto.
Como seres
humanos que somos interpretamos continuamente. No sólo decodificamos un mensaje
emitido por un emisor en un determinado código (una lengua, cualquiera de ellas)
sino que interpretamos. Es más, hasta se podría afirmar que el acto de
decodificar es seguido por el acto de interpretar. Por ejemplo, en una clase en
la Universidad de Buenos Aires, recuerdo haber escuchado la anécdota de una
antropóloga que intentaba aprender el lenguaje de una tribu indígena. Ella les
señalaba con el dedo los objetos de los cuales deseaba saber el nombre, pero los
aborígenes respondían siempre con la misma palabra. Tras tratar de descifrar qué
era lo que estaba sucediendo (porque todos los objetos no podían poseer el mismo
nombre), la antropóloga interpretó que las personas de la tribu no respondían lo
que ella quería sino que le estaban nombrando al acto de señalar con el dedo. Había una
falla en la comunicación y en la decodificación (y por ende, también en la
interpretación). Pero este tipo de interpretación no es inherente al objetivo de
este artículo.
La interpretación
debería ser interpretación de temas que a uno le interesen o que sienta
curiosidad. Sucede a veces que tratar temas sin interés genera un resultado
mediocre. Si uno interpreta es porque siente la necesidad de saber más.
Interpretar es un intento de llegar “al fondo de la cuestión” desde un punto de
vista individual. La interpretación literaria intenta develar un misterio
escondido, encontrar algo más de lo
que el texto dice porque las letras impresas significan mucho más allá de
su significado. Interpretar conlleva a poner en juego algo de nuestra
subjetividad porque no se puede negar que nuestras experiencias, el bagaje
cultural y la personalidad, juegan un papel preponderante dentro de la
interpretación. Uno interpreta desde un lugar espacio-temporal, y también desde
un lugar sentimental. El contexto en la interpretación lo es todo. Georges
Duhamel afirmó que “cuando se lee un libro según qué estado de ánimo,
sólo se encuentran en él interpretaciones de ese estado”. Y contemporáneamente,
Jorge Luis Borges sostuvo algo similar al decir que “uno no es lo que es por lo
que escribe, sino por lo que ha leído”, dando cuenta de la importancia de las
experiencias y los saberes anteriores al ponerse en contacto con un texto.
Desde una postura
particular, en el ensayo “Contra la Interpretación”, Susan Sontag entiende por
interpretación una traducción: “un acto consciente de la mente que
ilustra un cierto código, unas ciertas reglas de interpretación”. De esta
manera, la interpretación pretende resolver la divergencia entre el significado
del texto y las exigencias del lector (luego de haberlo leído). Para ella, si se
ha llegado a esta instancia es porque el texto ha resultado en cierto modo
insatisfactorio para el lector. Sin embargo, por esa misma razón no puede “ser
desechado”, sino que se necesita aceptarlo en una nueva refundición: otorgándole un significado
atractivo para el lector. Esta re-elaboración jamás será aceptada, sólo se
presentará como el acto de hacer inteligible el “verdadero significado del
texto”. Por lo tanto, para Sontag la interpretación genera empobrecimiento del
mundo debido a la gran cantidad de significados que
circulan.
En una dimensión
opuesta se encuentra Umberto Eco, que formó parte de la Conferencias Tanner
celebradas en 1990, en las cuales se trató el tema de la interpretación y
sobreinterpretación de textos. Allí afirmó que la interpretación de textos es
explicar por qué las palabras pueden hacer aparecer diversas cosas mediante el
modo en que son interpretadas. “Si los libros dicen la verdad, incluso cuando se
contradicen, es que cada palabra tiene que ser una alusión, una alegoría. Dicen
otra cosa de la que parecen estar diciendo, cada uno contiene un mensaje que
ninguno será capaz de revelar solo”. El cuento “El Sur” de Borges es un claro
ejemplo de interpretación, ya que desde el prólogo de “Ficciones”, Jorge Luis
Borges invita a leerlo como “un mero hecho novelesco o como algo más”. En “El Sur”, el lector
intrépido se puede topar con un hecho real y/o autobiográfico, con un destino
heredado (o mejor dicho, con una muerte heredada), con un protagonista con un
camino predestinado (todo aquello que le sucede a Juan Dalhmann es por una
causa), con un sueño del protagonista o de alguien más, etc. De acuerdo al
sentido que cada lector le dé a las palabras o de acuerdo a su estado de ánimo
(según Georges Duhamel) o de
sus propios deseos internos e invisibles que llevan a leer lo que uno quiere
leer, “Sur”, así como la mayoría de los textos, tiene más de una interpretación.
Según Eco en un texto se pueden encontrar infinitas interconexiones. El cuento
“El Sur” es un magnífico ejemplo que
testifica la interpretación indefinida de la que habla Eco, ya que
siempre hay un desplazamiento del sentido.
Umberto Eco, en
el desarrollo de sus conferencias, afirmó que hay una "intentio
lectoris”, una "intentio auctoris" y una "intentio operis"
(hay una intención del autor, del lector y de la obra). Eco tomó la "intentio
operis" como eje para su ensayo, argumentando que un texto tiene como fin de producir un lector modelo
que interprete lo que el texto quiere que interprete. Sin embargo, creo que es
factible afirmar la existencia de una conjunción entre las tres intenciones. El
emisor, en este caso el autor, emite un mensaje utilizando un código determinado
(la lengua escrita, en soporte “libro”). El mensaje emitido cumple una función
que tiene por objetivo surtir un determinado efecto en el receptor. Por su
parte, el receptor, al momento de recibir el mensaje, se encuentra en una
situación particular: tiene un determinado bagaje cultural, sus sentimientos
están afectados (positiva o negativamente) por los hechos que le han sucedido,
se encuentra en un espacio-tiempo determinado, etc. Por lo tanto, todos estos
factores también interferirán en su interpretación. Es real que existe una
"intentio operis", pero su función no es tan preponderante como
afirmó Eco, sino que su efecto surge en relación con el resto de las intenciones
descriptas. Eco sostuvo que “si hay algo que interpretar, la interpretación
tiene que hablar de algo que debe encontrarse en algún sitio y que de algún modo
debe respetarse”. Es cierto, pero también hay que tener en cuenta los factores
externos e internos al momento de realizar una
interpretación.
Dentro de la
misma conferencia, Jonathan Culler también trató el tema de la interpretación
pero como respuesta a las posiciones de Umberto Eco y Richard Rorty. Culler
aseveró que “la interpretación no necesita defensa; siempre está con nosotros,
pero, como la mayoría de las actividades intelectuales, sólo es interesante
cuando es extrema”, ya que la
interpretación moderada lo único que hace es articular un consenso y generar
interés. La interpretación extrema, en este sentido, es llevar el pensamiento
los más lejos posible. Las interpretaciones extremas, según Culler,
tienen “una mayor posibilidad de sacar a la luz conexiones o implicaciones no
observadas o sobre las que no se ha reflexionado con anterioridad”. De esta
manera, por un lado se sostiene que la interpretación no sólo debe generar un
efecto en el otro sino que debe servir para algo: debe ser útil. Por otro lado,
se sostiene que la interpretación debe realizarse por alguna razón (sea por
curiosidad, necesidad, etc.).
Ya sea intención
del autor, del lector o del texto, o las tres juntas, lo cierto es que nadie
entiende las cosas del mismo modo en que el otro las comprendió. “La literatura
es siempre una expedición a la verdad” decía Kafka, pero ¿cuál es la verdad? ¿Y
de qué depende la verdad? Porque siempre llegamos a diferentes puertos. Si los
constructivistas como Gregory Bateson sostenían que la realidad es una
construcción propia y que hay tantas realidades como seres humanos, porque
vivimos cercados de percepciones de
percepciones de percepciones, y así ad infinitum, también se puede decir que
hay tantas interpretaciones como seres humanos. Y aun más: hay tantas
interpretaciones por cada ser humano como la cantidad de lecturas
realice.
ECO, UMBERTO; Interpretación y sobreinterpretación;
Gran Bretaña; Cambridge University Press; 1995.
SONTAG,
SUSAN; Contra la interpretación; Argentina; Alfaguara;
1966.
BORGES,
JORGE LUIS; Ficciones; Argentina; Editorial Sur;
1944.
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